martes, 27 de febreiro de 2018
luns, 26 de febreiro de 2018
MONASTERIO DE SANTA CLARA - ALLARIZ
Una suave voz detrás de un torno nos recibe. Dice que subamos a la primera planta y que esperemos en un sala. Tras una rejas y detrás de unas cortinas que se abren aparecen más de una decena de caras sonrientes que nos reciben. Son la monjas de clausura del Real Mosteiro de Santa Clara de Allariz.
Fuente: Voz de Galicia
domingo, 25 de febreiro de 2018
PALABRAS QUE DUELEN
LA IMPORTANCIA DE “LO QUE DIGO” Y “CÓMO LO DIGO".
Para los que hacen bromitas, esos agresivos pasivos.
"No te van a querer ni los perros", era la frase que ella siempre usaba para retar a sus hijos cuando se portaban mal. Primero, venía el pellizcón, y después, como de remate, esta frase punzante, aguda. Seguramente, si le preguntan, ella los educó con amor. Y en nombre del amor, dijo frases como estas...
"¿Quién quiere otra torta de jamón?", preguntó Carlos en el cumple de su hija. Ella estaba festejando sus 19 y él se había ofrecido de asador. "¿Quién quiere otra torta de jamón?", insistió. "Vos no, mi amor, que estás muy gorda", fue la frase que disparó delante de todos sus amigos. Ella se puso roja de vergüenza, un nudo enorme le cerró la garganta y no comió más. Se levantó despacio y la soledad de su cuarto adolescente fue el mejor refugio hasta la madrugada del día siguiente. El padre murió preguntándose qué hizo mal esa noche.
"Vamos, no seas mariquita", le dijo su profesor de natación cuando él –que en ese momento tenía 6 años– pidió una toalla al salir de la pileta porque tenía frío. Y todos sus amigos empezaron a reírse. "Mariquita, mariquita", le gritaron. Y el profesor, lejos de hacerlos callar, los alentó. Nunca más volvió a nadar. (Y nunca, en 34 años de vida, apoyó sus labios en los labios de una mujer.)
"Eres un elefante dentro de la clase", le dijo su profesora de Dibujo el primer día del primer año del secundario. Ella venía de un primario impecable, donde Dibujo era su materia preferida. Y era, para hacer honor a la verdad, una joven promesa. Ese año, se llevó Dibujo a diciembre. Volvió a dibujar 28 años después, cuando –terapia mediante– descubrió cuánto la había inmovilizado esa frase.
El Perito Moreno fue el lugar elegido para festejar sus 10 años de casados. Caminata por el glaciar, todos los turistas en hilera para no resbalarse. Ella iba delante; él, detrás. "Tu culo me tapa todo el sol", fue la frase que eligió él para hacer un chiste. Y no entendió por qué esa noche ella se encerró en el baño a llorar.
Son frases que no te matan, pero te marcan para toda la vida. Frases de mierda. No importa cuántas horas de terapia le dediques a deshacerlas, ellas están ahí... rondando, para reaparecer sin previo aviso. Son frases que, cuando las contás, te parece que estás exagerando, que no pudieron ser así, que quizá las recordás mal... Entonces descubrís la crudeza de esas palabras.
Lo bueno es que un día, porque ese día –créanme– finalmente llega, te sacas uno por uno todos los puñales que te clavaron en el cuerpo y en el alma, te haces un sana, sana, colita de rana y descubrís que no fueron dichas con odio, que los responsables de escupirnos tamañas frases son seres que cargan, a su vez, con otras frases. Y entonces llega el perdón. Y perdonamos. Más adelante –bastante más adelante– viene la compasión. Es ahí cuando volvemos a sentirnos felices, con ganas de caminar sobre el Perito Moreno más allá del tamaño de nuestro culo, de nadar y gritar: "Tengo frío, tráeme una toalla", de hacer una lista con toda la gente que te quiere. Porque no solamente te quieren los perros...
Tratemos de pensar antes de hablar... ya que las PALABRAS QUE DUELEN tardan muchos años en salir del corazón del otro, y hasta a veces no salen...
(Desconozco autor…)
mércores, 21 de febreiro de 2018
domingo, 18 de febreiro de 2018
martes, 13 de febreiro de 2018
sábado, 10 de febreiro de 2018
luns, 5 de febreiro de 2018
GRAN LECCIÓN
Ella le preguntó: "¿Cuánto estás vendiendo
los huevos?" El viejo vendedor respondió, $ 2 pesos por un huevo, señora.
Ella le dijo: 'Tomaré 6 huevos por $ 10 pesos o me iré'. El viejo vendedor
respondió: "Ven y llévalos al precio que quieras". Puede ser, este es
un buen comienzo porque hoy no he podido vender ni un solo huevo.
Ella tomó los huevos
y se fue sintiendo que había ganado. Se subió a su lujoso automóvil y se fue a
un elegante restaurante con su amiga. Allí, ella y su amiga, ordenaron lo que
les gustaba. Comieron un poco y dejaron mucho de lo que ordenaron. Luego ella
fue a pagar la cuenta. La factura le costó $ 1400. Dio $ 1500 y le pidió al dueño
del restaurante que se quedara con el cambio.
Este incidente podría haber parecido bastante
normal para el propietario, pero muy doloroso para el vendedor de huevos
pobres.
La cuestión es,
¿Por qué siempre demostramos que tenemos el poder
cuando compramos a los necesitados? ¿Y por qué somos generosos con aquellos que
ni siquiera necesitan nuestra generosidad?
Una vez leí en alguna parte:
"Mi padre solía comprar productos simples a
los pobres a precios altos, aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles
más. Me preocupé por este acto y le pregunté por qué lo hacía. Entonces mi
padre respondió: "Es una caridad envuelta en dignidad, hijo mío"
sábado, 3 de febreiro de 2018
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